La Raíz está en la Familia

miércoles, 9 de noviembre de 2016


Mons. Felipe Arizmendi Esquivel

Hay preocupación por la inseguridad social, por la violencia, por el aumento de asaltos, robos y secuestros, por el poder de los grupos narcotraficantes, por el abuso del alcohol y de las drogas, por la inhumanidad de los criminales, por los suicidios juveniles.

VER

Hay alarma en el país porque han aumentado considerablemente los embarazos de adolescentes. ¿Por qué se extrañan? Eso es lo que se ha provocado con los libros oficiales de texto, que informan mucho sobre los métodos anticonceptivos para evitar esos embarazos, pero muy poco educan para la castidad. Con tanto que hablan de sexualidad desde Primaria y Secundaria, sin una ética sexual adecuada, lo que más provocan es curiosidad y deseos de experimentar lo que allí se expone. Y con todas las facilidades que hoy tienen los niños, jóvenes y adolescentes, para informarse de sexo por internet, sin educación moral, los resultados están a la vista. Más con lo que todo mundo ve en las novelas de la televisión, en que no pueden faltar escenas eróticas de todo color, se necesita mucha virtud para que alguien permanezca virgen hasta el matrimonio. Agreguen a esto todas las facilidades que se dan para abortar legalmente… ¡Cómo quieren que no haya embarazos prematuros! Y sin una familia estable, sin unos padres que permanezcan fieles a su matrimonio, y si no hablan con ciencia y con madurez emocional de estos temas con los hijos, los embarazos prematuros y fuera de matrimonio, seguirán en aumento. La solución no es dar más información sobre métodos anticonceptivos y regalar más condones por parte de la Secretaría de Salud, sino que las familias estén bien cimentadas y eduquen éticamente. Pero lo que las ideologías modernas quieren imponer, destruye la institución familiar. Eso no es moderno. Eso es antihumano y antisocial.

Hay preocupación por la inseguridad social, por la violencia, por el aumento de asaltos, robos y secuestros, por el poder de los grupos narcotraficantes, por el abuso del alcohol y de las drogas, por la inhumanidad de los criminales, por los suicidios juveniles. Los analistas y los que tienen presencia en los medios de comunicación sólo afirman que es por falta de eficacia de las autoridades, por deficiente vigilancia policiaca, por la impunidad en los tribunales, por la inequidad social, por falta de trabajo. Esto es verdad, pero la raíz más profunda está en el resquebrajamiento de las familias, en la facilidad con que se disuelven los matrimonios, en la ausencia de los padres, en la incapacidad de estos para formar a los hijos en valores humanos y cristianos. Una familia bien constituida es la que mejor educa para salir con la frente en alto y es el mejor antídoto contra la degradación social. Pero como muchos creadores de opinión no han conservado la estabilidad en su propio hogar, se defienden sólo culpando al sistema y a la autoridad. Con buenas familias, habrá mejores políticos y honestos líderes sociales.


PENSAR

El Papa Francisco, en su Exhortación sobre La alegría del amor, dice: “El bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia” (31).

“Las tensiones inducidas por una cultura individualista exagerada de la posesión y del disfrute generan dentro de las familias dinámicas de intolerancia y agresividad” (33). “La decadencia cultural no promueve el amor y la entrega. Se traslada a las relaciones afectivas lo que sucede con los objetos y el medio ambiente: todo es descartable, cada uno usa y tira, gasta y rompe, aprovecha y estruja mientras sirva. Después, ¡adiós!” (39).

“La crisis de los esposos desestabiliza la familia y, a través de las separaciones y los divorcios, puede llegar a tener serias consecuencias para los adultos, los hijos y la sociedad. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas” (41).


Necesitamos ayudar a los jóvenes a descubrir el valor y la riqueza del matrimonio. Deben poder percibir el atractivo de una unión plena que eleva y perfecciona la dimensión social de la existencia, otorga a la sexualidad su mayor sentido, a la vez que promueve el bien de los hijos y les ofrece el mejor contexto para su maduración y educación” (205). “Es preciso recordar la importancia de las virtudes. Entre estas, la castidad resulta condición preciosa para el crecimiento genuino del amor interpersonal” (206).

ACTUAR


Completa y corrige en tu familia la educación sexual que tus hijos reciben en la escuela. Cuida tu familia como el bien supremo, y no la destruyes por los problemas que se presenten. Educa a tus hijos en el respeto a los demás, en el servicio a la comunidad y en la fe en un Dios que nos ama y nos enseña lo que es el verdadero amor.

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